martes, 10 de agosto de 2010

Aspire a grandes cosas… y libere su fe

Imagínese lo que es tener suficiente fe como para impresionar a Dios. ¿Le parece eso algo exagerado? En Mateo 8, un centurión (oficial al mando en el ejército romano) vino a ver a Jesús para interceder por su siervo quien estaba enfermo y atormentado. Cuando Jesús se ofreció ir a la casa del centurión y sanar al siervo, el oficial respondió: "Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi criado sanará" (verso 8).

Este era un hombre que conocía el poder de las palabras. Después de todo, él era un oficial en el ejército. Cuando el hablaba, todos le prestaban atención y hacían lo que él ordenaba. En este caso, Jesús hizo también lo que el centurión le pidió.

¿Por qué respondió Jesús con tanta rapidez? Porque las palabras de aquel hombre estaban llenas de fe.

En más, al oír la respuesta del centurión, Jesús se asombró y dijo: "De cierto os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe" (versículo 10).

La fe que tanto impresionó a Jesús fue que el centurión estuvo dispuesto a creer sin pedir alguna señal espectacular o algún milagro del cielo. La Palabra era lo único que él necesitaba para creer que Jesucristo podía sanar a su siervo. “Solamente di la palabra…”, dijo el centurión. Y en aquella misma hora su siervo fue sanado.

Quién necesita un milagro…

Esa misma fe, y aun una fe mayor —una fe que impresione a Dios— está al alcance de cada uno de nosotros por medio de la Palabra de Dios. Él envió su Palabra para sanarnos y liberarnos (Salmos 107:20). La Palabra se hizo carne, en la persona de Jesucristo, y vivió entre nosotros. En Él —en Dios, en la Palabra— está la vida, y esa vida es nuestra luz (Juan 1:1-14; Salmos 119:105).

El apóstol Pedro se refirió a la Palabra de Dios como la palabra profética más segura. ¿Más segura que qué?

Bueno, para empezar, Pedro había visto su buena parte de señales y maravillas. La mayor talvez fue cuando acompañó a Jesús, junto con Santiago y Juan, a un monte donde oyeron la voz de Dios y vieron a Jesús hablar cara a cara con Moisés y Elías.

Pedro quedó tan impresionado que se ofreció para construir unos albergues para todos, para quedarse un rato en ese lugar. (Mateo 17:4). Pero a pesar de las manifestaciones gloriosas de Dios que había presenciado, Pedro luego dijo las siguientes palabras en su carta:

Porque no os hemos dado a conocer… siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando él [Jesús] recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo. Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos… (2Pedro 1:16-19).

Ahora bien, no se puede negar que las manifestaciones físicas de la presencia de Dios y de su poder pueden ser espectaculares para nuestros sentidos, pero aun así, todavía tienen algo de incierto.

En primer lugar, los milagros no ocurren todos los días; son actos de la voluntad de Dios, no de la nuestra. Así que no debemos vivir de milagro en milagro. Dios nunca quiso que fuera así. Él nunca nos prometió una dosis diaria de visiones, sueños, profecías y milagros para que pudiéramos vivir.

Lo que Dios si nos dio fue un libro lleno de promesas vivas. Él envió su Palabra; nos dio un libro rebosante de vida, rebosante de Él.

Si usted estudia la Biblia, verá que no es un libro sobre alguien, sino que es Alguien. Es, literalmente, como si Dios estuviera hablando a cada uno de nosotros, lo cual explica por qué Pedro se refirió a la Palabra de Dios como la palabra más segura.

En 2 Pedro 1:19, él continúa diciendo: “… a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones".

En otras palabras, cuando usted se despierta por la mañana, quizá no oiga de forma audible la voz de Dios. Pero sí puede contar con la Palabra, las promesas, la revelación y la sabiduría de Dios, las cuales son tan seguras como el sol que sale todos los días; así que viva de acuerdo a ellas.

Si, los milagros son maravillosos, pero el plan de Dios es que andemos por fe, no por vista (2 Corintios 5:7). El espera que vivamos cada día por la fe en su Palabra, no por las señales y maravillas que podamos ver en el camino.

¿Puede dármelo por escrito?

Veamos por unos momentos uno de los mejores ejemplos del Antiguo Testamento de lo que es andar por fe y no por vista: Abraham.

Cuando Dios llamó a Abraham para que saliera de su tierra, dejara a su familia y se fuera a otro lugar, no existía la Palabra escrita de Dios. Ni siquiera existía pacto alguno entre ellos. Lo único que Abraham tenía era una promesa oral: “Vete de tu tierra —Dios le dijo—… Haré de ti una nación grande” (Génesis 12:1-2).

En ese entonces, Abram tenía 75 años de edad y su esposa era estéril. Abram creyó en la Palabra de Dios y dejó sus parientes y su tierra. Cuando Abram llegó a Canaán, Dios se le apareció y le dijo: “A tu descendencia daré esta tierra” (Génesis 12:7). Luego, en Génesis 13, Dios le dijo: “Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra (Versos 15-16).

El hecho es que a lo largo del camino, Dios estuvo hablándole y hablándole de la promesa.

En Génesis 15:2, después de que Dios se le apareció en una visión, Abram le preguntó: “Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo?"

En ese momento de su vida, Abram se dejó llevar por las circunstancias. Tenía 86 años, y lo único que veía todos los días era que su mujer estéril y que no había señales de algún hijo. Se quejó aún más y dijo: “Mira que no me has dado prole [hijo]” (verso 3).

En realidad, Dios ya le había dado a Abram la semilla que este necesitaba, solo que él no se había dado cuenta. Desde el principio Dios le había dado su Palabra, y la Palabra de Dios es la semilla (Marcos 4).

"Haré de ti una nación grande… A tu descendencia daré esta tierra… Haré tu descendencia como el polvo de la tierra. Dios le había dicho esas cosas a Abram durante 11 años. Sin embargo, a Abraham se le estaba haciendo difícil confiar en la Palabra de Dios. Así que Dios le ayudó un poco.

Primero, Dios llevó a Abram afuera, por la noche, y le dijo que contara las estrellas. "Así será tu descendencia", le dijo Dios. Y Abram creyó al Señor (Génesis 15:5). Entonces Dios hizo un pacto con Abraham, y sacrificó unos animales como señal para Abraham de que Él guardaría ese pacto. Este pacto de sangre fue un ancla poderosa para la fe de Abram. Sin embargo, después de 13 años, cuando Abram ya tenía 99 años, aun no tenía ningún hijo.

Fue ahí cuando Dios empezó a poner la Palabra en la boca de Abram.

Identidad y destino diferentes

Desde el momento en que Dios le dijo a Abram que haría de él una nación grande, Abram pudo haber dicho: "Bien, desde ahora en adelante mi nombre será Abraham, porque Dios me ha dicho que seré padre de muchas naciones. Y si Dios lo dice, y yo lo creo, entonces es un hecho".

Abram pudo haber adoptado esa actitud, y así se hubiera evitado muchos problemas. Pero no lo hizo. Tenga presente que Abram no había nacido de nuevo ni había sido vivificado espiritualmente como nosotros, y no tenía a su alcance la Palabra escrita para estar leyéndola. Por lo tanto, lo único que él sabía era: "Señor… ando sin hijo… y no me has dado prole". Dios cambió esa situación cuando le puso un nombre diferente.

Cuando Abram recibió el nombre de Abraham, adoptó la identidad de "padre de muchas naciones", que es el significado de su nombre nuevo. Siempre que decía su nombre, estaba diciendo: "¿Qué tal? Soy el padre de muchas naciones". Es más, siempre que alguien le dirigía la palabra, estaba diciéndole: "oye, padre de muchas naciones".

¿Qué estaba ocurriendo? Pues que Abraham y todos sus conocidos estaban llamando las cosas que no son como si ya fueran (Romanos 4:17). De hecho, Abraham estaba repitiendo la palabra que Dios había hablado, y estaba oyéndola de boca de los demás.

Jesucristo hizo lo mismo con Pedro. Cuando el Señor conoció a Pedro, el nombre de este era "Simón, hijo de Jonás". Pero, luego, el Señor le puso otro nombre: "Pedro", que quiere decir roca. Y si había alguno entre los discípulos que no era una roca, era Pedro. Jesús sabía lo que estaba haciendo: estuvo utilizando el nombre "Roca" para dirigirse a Pedro, hasta que este llegó a ser una roca. Al recibir ese nombre, repetirlo y responder a este, Pedro estaba mostrando su conformidad con la Palabra de Dios y con la palabra que Jesús había hablado.

Vemos entonces que el método para cambiar estos nombres, y que las personas hicieran una realidad su destino al estar de acuerdo con lo que Dios dijo que serían y harían, consistía en que meditaran en la Palabra, la hablaran y la oyeran, para que se convirtiera en parte práctica de sus vidas.

La meditación en la Palabra fue también el plan para tener éxito que Dios dio a Josué cuando este asumió su puesto como líder después de la muerte de Moisés. "Nunca se apartará de tu boca este libro de [mi Palabra] —le dijo Dios—, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien" (Josué 1:8). La palabra hebrea que se traduce como "meditar" aquí quiere decir "hablar entre dientes; andar susurrando". O sea, a Josué todo le saldría bien si hablaba constantemente la Palabra de Dios: si se la repetía a sí mismo, si la hablaba a otros y si la hablaba en toda situación.

¿Puede imaginárselo…?

Cuando Abraham por fin recibió por la fe el hecho de que sería el padre de muchas naciones, él aún no podía verlo con sus propios ojos. Entonces, ¿cómo hizo para verlo?

En el Salmo 2, la palabra "piensan" puede también ser traducida como "imaginan". Se trata de que al andar hablando constantemente la Palabra de Dios —como Abraham, Josué y Pedro lo hicieron—, y llamando las cosas que no son como si ya fueran, ella produzca una imagen interna en nosotros. Esa imagen a su vez se convertirá en esperanza, y en la esperanza fue donde Abraham se vio como "padre de muchas naciones".

Me acuerdo que en los primeros días de este ministerio, a Gloria y a mí nos llegó el momento en que necesitábamos un automóvil más grande para acomodar a toda la familia y poder ir a predicar a donde se me invitaba. Así que, en cuanto a ese automóvil, hicimos lo mismo que habíamos hecho con otras necesidades: buscamos las promesas de Dios en cuanto a esa necesidad, oramos, sembramos, confiamos en Dios y hablamos la Palabra.

Después de que como familia aceptamos la Palabra y nos pusimos de acuerdo, anduvimos por la casa diciendo: "¡Gloria a Dios por nuestro automóvil nuevo!" ¡Ese auto nuevo es nuestro! "¡Gracias a Dios por nuestro coche nuevo!" Luego, continuamos meditando en la Palabra. En ese entonces, nuestros hijos estaban pequeños, pero con edad suficiente para asirse de ese automóvil nuevo por la fe.

Un día, nuestro hijo Juan me preguntó: "Papá, ¿ese automóvil nuevo es nuestro?"

"Oh, por supuesto", le contesté.

"Entonces, vamos a traerlo", dijo él.

Para él la idea del auto nuevo se había vuelto tan real que no veía por qué no podíamos ir a traerlo. No le dije que la razón por la cual no podíamos comprarlo era porque nos hacían falta $3000. Empecé a decirle: "Mira, Juanito, tenemos que…", pero no seguí porque me di cuenta de que estaba a punto de seguir el camino de la duda y la incredulidad.

Entonces le dije: "¡Eso, Juanito! ¡Gloria a Dios! ¡Vamos a traerlo!" Al instante, todos empezamos a decirnos: "¡Vamos a traerlo!" En menos de una semana, alguien me llamó, y sollozando me dijo: "Oh, hermano Copeland. Me siento muy avergonzado de mí mismo. Hace unos días el Señor me dijo que le enviara a usted $3000, y no lo hice. Los he tenido guardados, pero no soporto más esto". La primera vez que Dios le dijo a esta persona que nos enviara los $3000 fue el mismo día que Juanito me dijo que fuéramos a traer el auto. Así que, entonces, fuimos a comprarlo.

La fuente de los deseos se seca

En resumidas cuentas, la verdadera esperanza bíblica no consiste en desear que algo se haga realidad. Dios no está sentado en el fondo de alguna fuente de los deseos esperando que tiremos algunas monedas para concedernos el milagro que deseamos. La verdadera esperanza es una imagen divina en nuestro interior; es un milagro que la Palabra de Dios da a luz en el alma del ser humano; es el plano de nuestra fe.

En Hebreos 11:1 dice que para que nuestros sueños se hagan realidad, la esperanza debe alimentarse de la fe. Se nos dice también que esa esperanza "la… tenemos como segura y firme ancla del alma" (Hebreos 6:19).

Entonces, no solo tenemos la palabra profética más segura, sino también una esperanza segura. El apóstol Pedro lo dice muy bien, que la Palabra de Dios (sus promesas) entra en nuestro ser y alumbra nuestras circunstancias (2 Pedro 1:19). Al meditar en la Palabra, su luz aumenta más y más dentro de nosotros. Empieza a alumbrar nuestros corazones con más y más fuerza hasta que llega a dar a luz una imagen interna de lo que por la fe estamos esperando recibir de Dios.

Antes quizá nos veíamos como Abraham se vio una vez: sin hijos. Tal vez nos hayamos visto sin plata, enfermos, desesperados o lo que sea. Pero una vez que nos asimos de la Palabra y nos percatamos de que es Dios quien nos habla por medio de ella, le damos lugar a la esperanza; y esa esperanza da vida a los deseos que Dios ha puesto en nuestros corazones.

Abraham creyó en esperanza contra esperanza (Romanos 4:18). Aunque parezca increíble, él recibió lo que esperaba. Nosotros podemos también recibir lo que esperamos. Reciba la Palabra de Dios y aplíquela a su situación ahora mismo.

Reciba la semilla que Dios tiene para su vida. Luego, empiece a hablarla, a oírla, a susurrarla. Medite en la Palabra hasta que empiece a verla y a imaginársela.

¡Vamos! Empiece a aspirar a grandes cosas… y libere su fe.

por Kenneth Copeland.....

jueves, 29 de julio de 2010

LA LENGUA NADA MEJOR Y PEOR

Un mercader griego y rico quería dar un banquete con comidas especiales.
Llamó a su esclavo y le ordenó que fuera al mercado a comprar la mejor comida.

El esclavo volvió con un bello plato cubierto con un fino paño.

El mercader removió el paño y asustado dijo:
- ¿Lengua? ¿Es éste el plato más delicioso que encontraste?

El esclavo, sin levantar la cabeza, respondió:
- La lengua es el plato más delicioso, si señor.

Es con la lengua que usted pide agua, dice “mamá”, hace amistades, conoce personas, distribuye sus bienes, perdona. Con la lengua, usted conquista, reúne a las personas, se comunica, dice “Dios mío”, canta, cuenta historias, guarda la memoria del pasado, hace negocios, dice “yo te amo” y habla bien.

El mercader, no muy convencido, quiso testear la sabiduría de su esclavo y lo envió nuevamente al mercado, ordenándole que trajera el peor de los alimentos.

Volvió el esclavo con un lindo plato, cubierto por fino tejido que el mercader retiró, ansioso, para conocer el alimento más repugnante.

- ¡Lengua, otra vez! dijo el mercader, espantado.

- Si, lengua, dijo el esclavo, ahora más altivo.

Es la lengua que condena, separa, provoca intrigas y celos. Es con ella que usted blasfema y manda al infierno. La lengua expulsa, aísla, engaña al hermano, responde a la madre, ofende al padre…

La lengua declara guerra. Es con ella que usted pronuncia la sentencia de muerte.

No hay nada peor que la lengua y no hay nada mejor que la lengua. Depende del uso que Ud. haga de ella.

Y sin esperar respuesta, el siervo hizo una reverencia y se retiró.

martes, 27 de julio de 2010

Labios Inmundos

Reconociendo tu condición delante de Dios

Isaías 6: 5

“Entonces dije: !Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos”

Sin duda que antes de venir al Señor, todos teníamos un pecado que nos ataba al mundo. Puesto que sin pecado, ¿Qué necesidad de salvación íbamos a tener?, así que si tu al igual que yo un día tomaste la decisión de venir al Señor era porque reconocías que había pecado en ti que no permitiría alcanzar una vida eterna que esta preparada para todos aquellos valientes que decidieron cambiar su vida de pecado, por un vida santa apartada de el.

Isaías era un hombre que lo primero que hizo al encontrarse con el Señor fue reconocer que era un pecador y que sus labios eran inmundos, así como también los labios de las personas a quienes frecuentaba.

Que lindo es reconocer delante de Señor nuestros errores, ¿Cuántos de nosotros éramos unos grandes mal hablados?, de cada cien palabras que decíamos, se nos escapaban mil malas. Pero ahora todo es diferente, (eso espero) nuestro hablar no es nada parecido al antigua hablar que teníamos, ahora nuestras palabras denotan la relación personal que tenemos con el Señor.

Pero ¿Que pasa cuando una persona aun cuando se ha encontrado con el Rey de reyes y Señor de señores, sigue profiriendo palabras que no son los de un hijo de Dios?, definitivamente esta ofendiendo a Dios.

¿Cómo es tu vocabulario?, ¿Es el de un cristiano?, es una lastima ver como jóvenes y adultos que dicen amar a Dios y quererlo agradar, siguen con un vocabulario que deja mucho que desear.

¿Crees es tu que esta correcto que con la misma boca que alabas y exaltas al Señor, con esa misma estés profiriendo palabras que no deberían ser las de un hijo de Dios?, definitivamente que no es correcto, ¿Cómo vas a estar alabando a Dios con lindas palabras y a la hora ultrajando o hablando en mal de una persona?, no hay compatibilidad entre alabar y exaltar el Nombre del Señor y humillar y lastimar a su creación con palabras hirientes.

Es hora de reflexionar sobre mi hablar, si tus labios son inmundos, Dios quiere tocártelos y cambiar todo eso, pero para que esto ocurra se necesita disposición de corazón, esa disposición que te permita mantener una relación diaria con el Señor y por ende te lleve a ser sensible al Espíritu Santo de Dios que esta en tu vida, para que el te redarguya cada vez que de ti salga una palabras inmunda.

Cuando tu eres sensible al Espíritu Santo evitaras decir palabras que denigren o dañen a las personas, tu vocabulario realmente será el de un hijo de Dios y no el de un hijo de la inmundicia.

Amigo mío, Dios quiere tocar tus labios y que de tu boca salgan solo palabras de vida eterna, palabras que lleven consuelo, palabras que lleven amor, de esas que son guiadas por el Espíritu Santo de Dios y que dan lindos resultados.

¿Cuánto más esperaras, para reconocer tu estado delante de Dios?, El quiere tocar tus labios hoy.

Autor: Enrique Monterroza

¿Para que enojarse?

El Temperamento Fuerte te puede llevar a hacer locuras.

Proverbios 14: 17

“El que fácilmente se enoja hará locuras…”

Bueno, hablar de nuestro carácter o nuestro temperamento, no es muy popular, en el sentido de que todos en momento determinado hemos mostrado un temperamento de pocos amigos.

Hay algunas personas que su temperamento es tan fuerte, que casi nos lleva a pensar que cuando lo bautizaron, en lugar de ser bautismo en aguas, fue bautismos en limón.

Lo malo de todo esto, es que hay muchas personas que en medio de sus enojos toman decisiones, las cuales sin duda la mayoría de veces, por no decir todas, los llevan a tener resultados desastrosos.

Es cierto que no podemos evitar el enojarnos, pero si podemos evitar el tomar decisiones enojados, hay una gran diferencia entre que algo me enoje y en que ese enojo me lleve a tomar una decisión.

¿Cuántas parejas de novios en un momento de enojo han echado a la borda muchos años de noviazgo bendecido?, ¿Cuántos matrimonios por un enojo se han separado y hasta divorciado?, ¿Cuántos buenos amigos por un pequeño enojo han dejando perder esa linda amistad?

Amigo, el enojarse en momento determinado no esta tan mal, pero el que tomes decisiones trascendentes en tu vida en medio de tus enojos si que esta malísimo.

En mis casi veintisiete años que tendré de vida, he tenido que luchar con esta área, el carácter dicen por ahí que es heredado, pero yo he luchado para que no me afecte en mi vida, hasta tal punto de que antes de enojarme me pongo a pensar si vale o no la pena hacerlo, puesto que ¿De que sirve enojarte, si luego vas a estar contento como que si nada?, entonces mejor me evito el enojarme, puesto que yo se que ese enojo no es para mucho.

Te dará un sabio consejo y trata de poner en practica: “nunca, pero de los nunca tomes decisiones cuando este enojado”.

Jesús ha venido a cambiar tu vida y ese cambio tiene que demostrarse en tu manera de tomar las cosas de la vida. Si tu tomas a mal todo, te apuesto que siempre te enojaras, pero si tu haces como chespirito y todo lo tomas por el lado amable, te aseguro que tendrás una vida de mucha bendición.

No te enojes, por cualquier cosa y si en verdad no soportas el no enojarte, entonces trata de no tomar decisiones que luego de pasado el enojo te arrepientas de haber tomado.

Autor: Enrique Monterroza

miércoles, 14 de julio de 2010

Suelta la Ansiedad

Deja que tu anciedad se aleje de ti como una corriente de agua.¡Que evidencias te fabricas en la mente para las situaciones mas imaginarias consebibles! A pesar de tu exelente buen sentido, Dios te permite estar ciego a lo que tienes frente a ti. Piensasque ves con claridad algo que ni siquiera existe. Dios se va a glorificar en tu vida, si te sometes a El. Sencillamente, no puedes ver con claridad.
Cuando estes tranquilo y sosegado, vas a poder conocer con mayor claridad la voluntad de Dios. Vuelvete hacia la entrega y la sencillez. Escucha a Dios y mantente sordo a ti mismo. Cuando te halles en una situacion de reposo tranquilo y callado, haz todo lo que sientas dentro de tu espiritu. Pero suponer que tienes la mente equilibrada cuando estas en agonia de un tormento, es prepararte para cometer un error. Todo consejero espiritual experimentado te dira que no tomes decisiones mietras no recuperes tu paz y vuelvas a entrar a la oracion interior.
Nunca confies en ti mismo cuando estes sufriendo mucho, porque tu naturalezaes muy poco razonable y muy trastornable.
Dices que voy a tratar de impedir que hagas lo que debes. ¡Dios no lo permita! No quiero ni animarte ni detenerte. Solo quiero que agrades a Dios.Estas tan claro como el dia que no vas hacer lo que Dios quiere, si actuas cuando tu vieja naturaleza se este sintiendo profundamente herida, hasta el punto de la desesperacio. ¿Harias algo solo para sentirte feliz, aunque fueera contra la voluntad de Dios? De ninguna manera. Espera hasta que no sientas tan herido. Permanece abierto a toda alternativa que Dios te pueda sugerir. Sacrifica lo que sea por El.
FENELON

lunes, 28 de junio de 2010

“LAS PASIONES JUVENILES”

2 TIMOTEO 2: 22

Huir, desde siempre, ha sido considerado como un signo de cobardía. Huir de peligros o de situaciones y personas desagradables, es común o normal, y a la vez, relativamente fácil. Pero, huir de personas o situaciones que nos son agradables, tales como: un momento de intimidad con tu pareja, una película con escenas eróticas o páginas pornográficas en Internet, etc., es sumamente difícil para el común de las personas, y además parece como anormal.
Un Joven con un Propósito definido debe ser VALIENTE para huir de las pasiones juveniles. Pues sólo un valiente nada contra la corriente de este mundo.
I. DEFINAMOS QUE SON LAS PASIONES JUVENILES.
Viene de una Palabra Griega epithumia que significa : Un fuerte deseo y una intensa inclinación por alguna cosa.
Tres veces se aplica a buenos deseos. (Lc 22.15; Flp 1.23; 1 Ts 2.17).
Sus otros usos son negativos, tales como: gratificar los anhelos sensuales, el deseo de las cosas prohibidas, los gustos por lo malo, la codicia por las cosas que son de otro, y querer cosas, personas, o experiencias que son contrarias a la voluntad de Dios.
II. ALGUNAS PASIONES JUVENILES.
• Las Relaciones de Noviazgo que no tiene la cobertura de Dios por ejemplo:
1. Aquellas que su objetivos son puramente sexuales.
2. Aquellas en donde se maltratan mutuamente ya sea física o verbalmente.
3. Aquellas que están basadas en las infidelidades y en el liberalismo.
4. Aquellas donde no existe una amor verdadero, sino que predomina el menosprecio o al contrario el amor enloquecedor.
• La Pornografía en sus diferentes formas:
1. Por medio del Cine o La Televisión.
2. Por medio de Revistas.
3. Por medio de Sitios en Internet.
Quizá hasta este punto te sientes identificado con mas de alguna pasión juvenil, y a lo mejor estés pensando que te es muy difícil salir de ella, Pues quiero decirte que Jesús es el único que puede sacarte del pozo al que has caído y luego que se saca El te da la fuerza para vencer esas pasiones que tanto han dañado tu vida.
Por otra parte si tu eres un hijo de Dios y le has entregado tu vida al Señor y aun así has caído en alguna de estas pasiones juveniles y piensas que no puedes salir de ellas puesto que muchas veces lo has intentado déjame decirte que no te puedes dar por vencido, recuerda que la Biblia dice: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”. (2 Timoteo 1:7)
III. COMO VENCER LAS PASIONES JUVENILES.
• No juegues con Fuego puesto que de otra forma caerás en el Pecado.
• Evita momentos de demasiada intimidad en tu noviazgo.
• Pídele sabiduría y dirección a Dios para que te guíe en cuanto a tus sentimientos y sométete a su Palabra.
• Si has caído en alguna Pasión Juvenil reconócelo y pídele perdón.
• Entrégale tu vida por completo a Jesús y permite que el sea quien te guíe en todo lo que hagas.
Conclusión:
Si tu eres una persona que lastimosamente has caído en alguna Pasión Juvenil déjame decirte que Jesús te ama y que el siempre ha estado con los brazos abiertos esperando a que regreses a realizar su Voluntad y no la tuya. Si quieres ser un Joven Victorioso debes comenzar a vivir como Jesús quiere que vivas preguntándote en cada ocasión en la que vas a realizar algo: ¿Qué haría Jesús?